¡Hola! Soy Julián. Si estás leyendo esto, probablemente quieras saber quién está del otro lado fabricando tus cosas. Bueno, te cuento cómo empezó esta aventura (o locura, según a quién de la familia le preguntes).

Todo arrancó allá por la pandemia. Estaba navegando por internet, me crucé con una oferta de una impresora Ender 3 PRO y dije: "¿Por qué no?". No tenía idea en la que me metía. Ahí empezó mi verdadero "camino del guerrero": tutoriales, noches de pruebas, el arte místico de intentar calibrar la máquina y muchísimo aprendizaje a base de prueba y error.

Por suerte, sobreviví. Hace un par de años, las nuevas tecnologías hicieron que todo se volviera un poco más amigable (y mis dolores de cabeza disminuyeron bastante).

El gran salto Y así llegamos a este año. Con la situación del país como está, uno tiene dos opciones: o se queda esperando, o se manda. Decidí que este era el empujón que necesitaba para dejar de postergar este proyecto que me venía dando vueltas en la cabeza hace años. Había que lanzarse.

El (verdadero) equipo detrás de escena Aunque yo soy el que está entre cables y bobinas de colores, este es un emprendimiento recontra familiar. Acá cada uno tiene su rol:

  • Julián (Yo): El operario. El que maneja las máquinas, reniega con los diseños y prepara cada pedido para que llegue perfecto a tu casa.

  • Laura (Mi mujer): La asesora en las sombras. Me ayuda con las ideas, aporta ese toque de buen gusto que a veces a mí se me escapa y me da una mano gigante cuando las papas queman.

  • Los chicos: Nuestro exigente "control de calidad". Su función principal en la empresa es asomarse al taller y preguntar: "Pá, ¿me imprimís un juguete nuevo?".

Toda esa práctica de imprimir muñecos y pelear con la primera Ender hoy se transformó en esto: productos pensados, útiles, con diseños lindos y llenos de color para tu casa.

Gracias por estar acá, por elegirnos y por bancar a un emprendedor que un día decidió que era el momento de dejar de dar vueltas y empezar a fabricar sus sueños.